#Cuba Papel desempeñado por la naciente Fuerza Aérea contra la invasión de Girón

En los primeros meses del año 1960 el gobierno de los Estados Unidos venía apoyando y financiando todo tipo de actos terroristas contra Cuba y puso en ejecución una serie de campañas de calumnias y mentiras en contra del gobierno revolucionario. Paralelamente apoyó y fomentó la creación de bandas contrarrevolucionarias en las diferentes zonas montañosas del país. Todas estas maniobras del imperialismo fueron derrotadas por nuestro combativo pueblo.

Ante la respuesta de nuestro pueblo, el presidente de los Estados Unidos, en flagrante violación de los derechos del pueblo cubano por su soberanía, le ordena a la CIA, entre otras medidas, que proceda a reclutar y entrenar una fuerza compuesta por exiliados cubanos con el fin de invadir a Cuba. Es así que elaboran un primer plan que consistía en la infiltración al país de pequeños grupos armados con la idea de crear un movimiento diversionista interno.

Ante las órdenes emitidas por Fidel para la rápida organización armada de las Milicias Nacionales Revolucionarias y la creación de los CDR en toda Cuba, ese plan es desechado.

A pesar de todo el gobierno del presidente Eisenhower continúa avanzando en sus proyectos de agresión. La CIA entrega un nuevo plan con tres variantes, pero decide entregar la ejecución al recién electo presidente John F. Kennedy. Por fin se deciden por la tercera variante la cual consistía en la invasión por la parte central del país, al sur de Matanzas y que fue bautizada como “Operación Pluto”. En esencia la operación consistía en ocupar un territorio como cabeza de playa, sostenerse durante una semana con un gobierno creado en el exilio, trasladarlo al lugar ocupado para de inmediato ser reconocido por el gobierno de los Estados Unidos y otros gobiernos reaccionarios del continente y solicitar la intervención militar a nuestro país.

Al triunfo de la Revolución nuestro país encontró una reducida y dispersa fuerza aérea. Se imponía la necesidad de organizar esta fuerza y en tal sentido el Comandante en Jefe Fidel Castro decidió que todos los aviones que se encontraban en el aeropuerto de Ciudad Libertad fueran trasladados hasta la base aérea de San Antonio de los Baños y se convirtiera, a partir de este momento en centro principal de operaciones de la Fuerza Aérea Revolucionaria, cosa que ocurrió, como ya planteamos anteriormente, el 5 de septiembre de 1959.

Teniendo en cuenta la reducida cantidad de pilotos profesionalmente capacitados que existían la fuerza aérea se dividió en dos grupos: Uno fue enviado hacia el aeropuerto “Antonio Maceo”, de Santiago de Cuba, y el otro permaneció en San Antonio de los Baños.

En este momento la misión principal de la fuerza aérea consistía en el patrullaje aéreo. Para cumplir este objetivo se constituyeron dos grupos: uno se encontraba en Santiago de Cuba, que abarcaba las costas norte y sur de la entonces provincia de Oriente y la mitad de Camagüey; y el de occidente que cubría el resto del país, incluida Isla de Pinos. El patrullaje se realizaba al amanecer y anochecer de cada día, a pesar de las grandes limitaciones producto a las necesidades materiales existentes. Gracias a la solidaridad de la URSS se pudo aliviar la carencia de combustible, pero la falta de piezas de repuesto y agregados (eran aviones de procedencia norteamericana) hacía peligrar la vida de los pilotos y dificultaba la reparación y mantenimiento de la técnica existente.

El 15 de abril de 1961 aviones de guerra atacaron simultáneamente la base aérea de San Antonio de los Baños, la pista de Ciudad Libertad y el actual Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, lo que sería el preludio de los sucesos acaecidos dos días después. La acción perseguía como objetivos, además de provocar miedo y confusión, destruir en tierra la escasa y anticuada fuerza aérea cubana, para asegurar la impunidad de otras incursiones enemigas por vía terrestre. Esto último fue previsto por el Comandante en Jefe Fidel Castro, pues en visitas anteriores a la base aérea de San Antonio de los Baños sostuvo conversaciones con pilotos y técnicos e indicó que los aviones de baja técnica fueran dislocados, distantes unos de otros, para desinformar y confundir al enemigo en caso de agresión. Y sentenció: “Estoy seguro que nos atacarán. Muévanse antes de que vengan”.

El 15 de abril ocho bombarderos B-26 alzaban vuelo desde Puerto Cabezas (Happy Valley) en Nicaragua. Al aproximarse a Cuba tomaron tres rumbos diferentes: la escuadrilla Puma, integrada por tres aviones atacó el aeródromo de Ciudad Libertad. Linda, con tres bombarderos, se dirigió a San Antonio de los Baños y la formación Gorila atacaría el aeropuerto de Santiago de Cuba. Los aviones iban camuflados con las insignias de la fuerza aérea cubana. Uno de esos aparatos aterrizaría en Miami y daría la versión pública de deserción y rebeldía de los pilotos de la Fuerza Aérea Cubana.

Ese día 15 de abril, dos baterías de ametralladoras, con su fuego cerrado, impidieron que los aparatos enemigos destruyeran nuestros pocos aviones de combate de entonces. También los integrantes de las milicias, que desde hacía varios meses se encontraban en estado de alerta y con las armas que poseían (fusiles, revólveres y pistolas) entregadas por el gobierno revolucionario, dispararon contra las naves agresoras, muchos de ellos desde diferentes posiciones, pero fundamentalmente, desde los techos y tejados de sus propias viviendas, como una prueba demostrativa de valor y patriotismo.

Ese día resultaron heridos dos jóvenes combatientes que formaban parte de la dotación de una de las piezas de artillería, conocidas como cuatro bocas, que defendían la base militar y fueron: Félix Hernández Ferrer y Gregorio González Rojas.

De aquellos B-26, solo cinco pudieron regresar a Nicaragua. Uno fue derribado por las fuerzas revolucionarias; otro fue “tocado” por la artillería rebelde y se vio obligado a aterrizar en Cayo Hueso, mientras que un tercero, tuvo que aterrizar de emergencia en la isla Gran Caimán.

Después del ataque del día 15, los pilotos y naves que se hallaban en el aeropuerto de Santiago de Cuba, fueron trasladados hacia la base de San Antonio de los Baños y se incrementó el número de fuerzas y medios.

Según documentos desclasificados de la CIA, se autorizó un segundo ataque aéreo sobre la base de San Antonio de los Baños en la noche del lunes 17. Cinco B-26 despegaron e intentaron bombardear nuevamente la base, pero el fuego de nuestra artillería antiaérea y las medidas de apagar las luces y permanecer en total oscuridad, tanto en la base, como en el pueblo, evitaron que los pilotos mercenarios pudieran visualizar los blancos, fundamentalmente los aviones de la fuerza aérea rebelde que estaban dislocados en diferentes lugares para evitar que fueran abatidos en tierra.

Al regresar los pilotos mercenarios a su base en Retalhuleu, Nicaragua, informaron que no pudieron distinguir la base de San Antonio por la niebla y la oscuridad, pero no informaron toda la verdad y que consistió en que nuestros artilleros respondieron la agresión con tan intenso fuego, que el miedo los obligó a regresar sin poder lograr sus propósitos.

De la base aérea de San Antonio de los Baños salieron a combatir a Playa Girón los heroicos pilotos y tripulantes de nuestra pequeña fuerza aérea y cayeron en combate contra la aviación mercenaria los siguientes: Los pilotos Luis Alfonso Silva Tablada y Carlos Ulloa Arauz, y los tripulantes Reinaldo Fabián González Galainena, Alfredo de Jesús Noa Díaz y Martín Torres Ruiz.

Los pilotos y tripulantes de la aviación de caza de esta unidad le dieron una contundente respuesta a los mercenarios, durante el rechazo a la invasión por Playa Girón. Intervinieron 10 pilotos no experimentados en combates reales. Volaron en aviones viejos, en malas condiciones técnicas y sin piezas de repuesto. A pesar de todo, ese abril cumplieron 72 misiones combativas, hundieron 12 embarcaciones de diferentes tipos y derribaron 9 aviones enemigos, además de dar cobertura aérea a las fuerzas que combatían en tierra contra el invasor.

Esta gran unidad de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias al cumplirse 15 años de la primera gran derrota del imperialismo norteamericano en América, el propio líder histórico de la Revolución, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, le entregó la bandera que acredita a la Brigada de la Aviación con el título de “Unidad de la Guardia Playa Girón, y el 5 de septiembre de 2014, el General de Ejército Raúl Castro Ruz les impuso la “Orden Antonio Maceo” en el 55 aniversario de su fundación.

Por: Israel Valdés Rodríguez

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