Y sin embargo, #Cuba sigue siendo

Fue insólito. Periódicos y televisoras de medio mundo informaban del primer crucero que arribaba a Cuba procedente de Estados Unidos en más de 50 años. Medio siglo, apenas 90 millas, familias en ambas orillas y una Isla vedada para los estadounidenses. Paradojas de una política impuesta, hace casi seis décadas, por el país más poderoso del planeta contra un pequeño archipiélago en el Caribe.

Era mayo de 2016 y, tras casi dos años del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, el buque Adonia de la compañía Fathom atracaba en el puerto de La Habana. Hacía también par de años que Nayvis Díaz Labaut había fundado su negocio: Vélo Cuba, un taller de bicicletas en la capital, que fue expandiendo sus servicios como proyecto a rentas, rutas, reparaciones, mantenimiento, y domicilio y asistencia técnica.

El deshielo entre ambos países y la inclusión de la Isla como ruta para los cruceros en el Caribe permitió que ciudadanos estadounidenses conocieran la prohibida Habana con los servicios de Vélo Cuba.

“Nosotros teníamos un contrato directo con esos buques, mediante el cual los clientes tenían la posibilidad de utilizar nuestro servicio desde los burós de excursiones de cada crucero. Venían muchos a rentar las bicicletas para conocer la ciudad.

“Recuerdo que, en cuanto llegaban al puerto, venían para los talleres y hasta hacían colas para esperar las bicis”, cuenta Nayvis en la sede central del proyecto, ubicada en Prado 20. Desde allí podían verse los cruceros tapando el Morro al pasar por la bahía, y la gente que saludaba en los buques y en el Malecón y aplaudía, al fin y al cabo, el acercamiento entre dos países históricamente distanciados.

Nayvis dice que “fue una pequeña alegría” en medio de un bloqueo que siempre ha estado ahí, férreo y desalmado, como dijo Gabriel García Márquez.

Tan desalmado que afecta a 11 209 628 cubanos residentes en la Isla, según datos del Anuario Estadístico de Cuba de 2018, y tan férreo que solo de 2019 a 2020 los daños por esa política sobrepasaron los cinco mil millones de dólares. Pero detrás de las cifras hay historias.

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Geudis Vega Pérez no puede acceder a eventos virtuales para exponer los resultados que exhibe Cuba en la atención a personas con discapacidad. La plataforma norteamericana no está disponible para la Isla. Geudis es ciego de nacimiento y no tiene dispositivos médicos parlantes.

El bloqueo restringe el acceso a plataformas digitales e impide que lleguen a Cuba tecnologías médicas de procedencia estadounidense y aquellas que tengan más de un 10% de componentes que provengan de ese país.

La doctora Tania Crombet Ramos, directora de investigaciones clínicas del Centro de Inmunología Molecular comenta que en ocasiones pacientes con cáncer o alzheimer no cuentan con el tratamiento requerido porque muchas veces las terapias son norteamericanas.

“La afectación fundamental es al paciente cubano que no tiene acceso a un medicamento que impacta en su supervivencia y calidad de vida, porque no podemos comprarlo”, señala.

De abril de 2019 a marzo de 2020, la Empresa Importadora y Exportadora de Productos Médicos (MEDICUBA S.A.) contactó a 50 compañías estadounidenses con el objetivo de importar equipos, medicamentos y otros insumos necesarios en el Sistema de Salud Cubano. Tres de ellas alegaron que estaban imposibilitadas de comerciar con entidades cubanas por el bloqueo. El resto, no respondió al pedido de Cuba y, como consecuencia, no pudieron obtenerse medicamentos para el cáncer de próstata, de mama, pulmón, vejiga, siendo la oncología una de las áreas más afectadas.

En el mismo período se le solicitó a la farmacéutica Pfizer medicamentos para tratar el carcinoma renal metastásico, el cáncer de mama metastásico  hormonosensible y el cáncer de pulmón. Pero callaron y hay silencios que cuestan vidas.

René Hernández Quintero es el director general de la Agencia Cubana de Derechos de Autor Musical (ACDAM). “Las leyes del bloqueo no le permiten a los editores norteamericanos mandar el dinero que se genera por la explotación de las obras musicales a los legítimos titulares de derecho”, afirma y añade que “los creadores cubanos se han visto obligados a poner sus derechos en la administración de otros países para que les pueda llegar su dinero de los Estados Unidos”.

En solo un año (2019 a 2020), la ACDAM dejó de recibir 19 428 dólares por cobro de derechos de autor, debido a que algunas sociedades con cuentas en bancos con intereses o participación de Estados Unidos, retuvieron los fondos y se negaron a realizar transferencias a bancos de la Isla.

El escritor Eduardo Galeano escribió en 1992 que la Isla vive en una continua situación de emergencia: “El bloqueo contra Cuba se ha multiplicado con los años. ¿Un asunto bilateral? Así dicen; pero nadie ignora que el bloqueo norteamericano implica, hoy por hoy, el bloqueo universal”.

Tras una visita de seis semanas a Cuba en 1975, García Márquez dijo que esta política contra la Isla es “una feroz tentativa de genocidio promovida por un poder casi sin límites cuyos tentáculos aparecían en cualquier parte del mundo”.

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“La pequeña alegría con los cruceros duró poco. Cuba es un país seguro y es genial para hacer cicloturismo. De hecho, ahora mismo, en este aspecto la Isla es uno de los mejores destinos turísticos en el área de Centroamérica y el Caribe. Sin embargo, ahora los cicloturistas norteamericanos no pueden venir a Cuba a disfrutar de nuestros servicios producto del mismo recrudecimiento de todas las medidas. Es frustrante para mi equipo de trabajo”, dice Nayvis.

El 5 de junio de 2019 entró en vigor la prohibición, por parte del gobierno de Estados Unidos, de que entraran cruceros estadounidenses a puertos de la Isla. Hasta el día antes de la puesta en marcha de esa medida, el arribo de cruceristas a Cuba se había incrementado en un 35%.

Según la Asociación Internacional de Cruceros se afectaron un total de 800 000 reservas, mientras que de julio a diciembre de 2019 no ingresaron al país 12 356 941 dólares por este concepto. Pérdidas millonarias en apenas seis meses por una medida que le cambia la vida –de un día al otro– a tanta gente dentro y fuera de Cuba.

http://www.cubadebate.cu/noticias/2019/06/05/companias-de-cruceros-estamos-obligados-a-cancelar-nuestras-visitas-a-la-habana/embed/#?secret=Zks7QUC4DJ

Para Nayvis, las limitaciones de Washington a La Habana impiden el acceso a piezas de repuesto de bicicletas para darles mantenimiento y repararlas:

“Con casi siete años de operación tenemos más de 25 000 servicios realizados y es sumamente complejo encontrar piezas que no existen en Cuba. Es lamentable que el bloqueo impida que marcas de bicicletas de muchos lugares del mundo puedan ser nuestros proveedores o clientes mayoristas. Cuba pudiera tener un aprovisionamiento en este sentido desde Estados Unidos, si estamos tan cerca”…

Cerca y a la vez lejos, dicen muchos cual verdad de perogrullo. Si difícil es que un banco bloquee tus ingresos porque puede ser sancionado, que te impidan el suministro de combustible al país por sanciones contra buques, navieras y empresas transportadoras del crudo a la Isla, si difícil es que te nieguen el acceso a un medicamento o a una pieza de bicicleta, difícil es sortear cada una de estas medidas.

La directora de Vélo Cuba dice que la alternativa es la creatividad y hacer arte con las bicicletas: “Yo no desecho ninguna parte o pieza de bicicletas que no funcionen. Las reutilizamos siempre. Desmembramos un cambio trasero o delantero, por ejemplo, en sus pequeños tornillos y luego cogemos otros similar y armamos uno. Si no lo hacemos, no llegamos a un producto que pueda mantener en movimiento una bicicleta de cualquier persona: el mensajero, el panadero, la persona que lleva a su niño a la escuela.

“Más del 13% de mis clientes habituales tienen más de 50 años, y yo quiero que esas personas no se bajen de las bicicletas, pero para eso hay que estar buscando alternativas siempre. Es un reto, pero no hay de otra porque no hay partes y piezas nuevas en ningún sitio”.

García Márquez dijo que, para 1963, “el bloqueo era entonces una realidad ineludible que había de contaminar hasta las grietas más recónditas de la vida cotidiana y apresurar los nuevos rumbos irreversibles de la historia de Cuba”.

Mientras entrega dos bicicletas a una pareja de clientes en la sede de Prado 20, Nayvis Díaz Labaut dice que esa política tiene que cambiar:

“Cuando veo que se han bloqueado, que se han parado intercambios en la biotecnología entre Cuba y grandes farmacéuticas en Nueva York, por ejemplo, me digo ¿qué están haciendo? Tengo creencia que eso pare, porque todos vamos a beneficiarnos”.

Y sin embargo –dijo Galeano– “Cuba, que tampoco amenaza a nadie, es todavía una obsesión universal. No le perdonan que siga estando, que maltrecha y todo siga siendo”.

Vea, además: http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/11/17/no-nos-pueden-entender-porque-tendrian-que-vivirlo/

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