#Cuba Nacionalización de las grandes empresas norteamericanas #FidelPorSiempre

Autor: Israel Valdés Rodríguez.

Una de las medidas adoptadas por el gobierno norteamericano para asfixiar económicamente a la Cuba revolucionaria, fue enmendar la Ley del Azúcar, con lo cual se le otorgaba al presidente norteamericano, plena autoridad para reducir y readjudicar la cuota azucarera cubana.

Ya para entonces, al gobierno de los Estados Unidos no le quedaba duda alguna de que se encontraba ante una Revolución autentica y profunda, con ideas propias, resultante de una casi centenaria lucha popular. Para Cuba, la reducción de la cuota azucarera significaba un duro golpe, pues el azúcar representaba un porcentaje importantísimo de sus ingresos.

En la noche del sábado 6 de agosto de 1960, el entonces Primer Ministro, Fidel Castro Ruz, al hacer la clausura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, en un abarrotado Estadio del Cerro (hoy Latinoamericano), lee la resolución firmada ese día que, a tenor de la Ley No. 851 de 6 de julio, disponía la nacionalización de 26 compañías norteamericanas, que poseían tres refinerías de petróleo, los monopolios de la electricidad y del teléfono, así como 36 centrales azucareros del país, cuya producción abarcaba el 36 por ciento del total nacional; en total, bienes por un valor de 800 millones de dólares, que pasan a poder del pueblo.
Pero ocurrió un hecho significativo. Fidel perdió la voz en medio de su alocución, como consecuencia del esfuerzo realizado por esos días, con sus continuos y necesarios discursos y habérsele diagnosticado un agudo estado gripal, que se agravó por la pertinaz llovizna.

De inmediato Raúl tomó el micrófono y expresó: “En momentos que han de ser históricos para Cuba y para la América nuestra, ¡que es la verdad!, no es ni cosa del destino ni cuestiones de malos augurios; eso es, simplemente, un ligero revés sin importancia, porque se ha ido una voz por un momento; ¡pero ahí está él y estará!”
Minutos después, Fidel recupera la voz y continuó su discurso ante el silencio total de la multitudinaria concentración de pueblo. Pero tras la mención de cada empresa norteamericana expropiada, Raúl añadía: “Se llamaba” y el pueblo comenzó a corear seguidamente, junto con Raúl: “Se llamaba.”

Estas nacionalizaciones tenían un marcado carácter antiimperialista, aunque no eliminaban totalmente la propiedad privada en manos de la burguesía cubana. No obstante, fueron medidas justas y oportunas; fue un acto de legítima defensa como respuesta de nuestra nación a las medidas de represalia del gobierno norteamericano.
La digna postura de nuestro pueblo y la ayuda solidaria de la entonces URSS y de otros países socialistas, hicieron fracasar los planes del imperialismo yanqui. De esta manera nuestra patria daba un importante paso en el rescate de sus riquezas nacionales y en el empeño de librarse del yugo neocolonial imperialista.
Significamos el proceder de Raúl en aquel momento célebre; su actuación fue inesperada, ágil y oportuna.

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