#Cuba Biden: expresión de una política antipolítica

Casi siete meses después de asumir la presidencia, Biden mantiene vigentes las 243 medidas coercitivas adoptadas durante el mandato de Donald Trump. Foto: Prensa Latina

Por.Erasmo Rodríguez Sánchez

Con la división de la sociedad en clases se complejizó la vida de los hombres por cuanto en lo adelante todo estuvo permeado por una palabra que, aunque a veces es solo del argot de los académicos y los investigadores, está más al alcance de los humanos de lo que nos imaginamos: en realidad la política es transversal a toda la actividad que el hombre realiza.

Por tanto, el ilustre presidente de los Estados Unidos, Joseph Robinette «Joe» Biden, como todos los mortales no ha estado exento de caer en las garras de la política.
De este modo es graduado de la Academia Archmere en Claymont, Delaware, 1961, y en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad de Delaware en 1965.
Para esa fecha, el señor Biden tenía tan solo 23 años y comenzaba a tener el bagaje de un futuro hombre de política en la nación norteamericana.
Su desempeño se puede ver con diferentes funciones y tareas en adelante en el mandato de los presidentes William «Bill» Jefferson Clinton, George Walker Bush y en el de Barack Hussein Obama. Este último lo llegó a condecorar con la Medalla Presidencia de la Libertad.
Luego de una enconada batalla política con el líder inmobiliario Donald John Trump, llegó a la Casa Blanca. Es decir, estamos en presencia de todo un coloso de la política, un maestro de la política.
Sin embargo, desde las fauces del país que gobierna se diseñan planes desestabilizadores contra Cuba, al estilo de los golpes blandos con el que ribetearon las tristemente célebres Revoluciones de colores y le dieron el tiro de gracia al socialismo en Europa de Este.
No les bastó con convertir en patio a los países exsocialistas en esta región del planeta y lanzaron una escalada agresiva contra todas aquellas naciones que vieron como obstáculo a sus pretensiones globales.
Entonces, la poderosa maquinaria de guerra no convencional fue lanzada hacia Libia, Siria, Venezuela, Bielorrusia, Ucrania; una y otra vez, sin importarles las muertes que provocan las guerras intestinas que crean.
Ahora, los sistemas de alta tecnología de la Internet profunda, tratan de socavar las bases históricas, culturales y políticas ideológicas de la nación cubana; tratan de colocar una cuña donde yace el dolor en la población por la pérdida de familiares en una lucha sin cuartel contra la covid-19; en las carencias propias de un bloqueo que es inamisible en la política de un Estado como el norteamericano que conquistó su libertad con el filo de sus bayonetas: entonces una empresa justa, una sabia política de los padres fundadores de esa nación, una correcta política.
No la política de la antipolítica que oferta el gobierno de Biden, con su irrespetuosa propuesta de ofrecer vacunas a Cuba por dudar de la competencia de nuestro Gobierno revolucionario: uno de los Gobiernos más humanos que la humanidad haya podido ver en la larga historia de la política.
Una adecuada política sería eliminar el férreo bloqueo económico, financiero y comercial que tienen contra la Isla.
Sería una adecuada política que nos facilitara la venta de insumos para combatir la Covid-19, con el que no solo se beneficiaría el pueblo de Cuba sino también los norteamericanos por cuanto los cubanos no nos caracterizan el rencor.
Esa es una buena política donde el rencor no impera.
Pero, desgraciadamente el ilustre presidente de los Estados Unidos Joseph Robinette «Joe» Biden, no se ha percatado que tal vez los estudios realizados en Historia y Ciencias Políticas en la Universidad de Delaware en la década de 60 del siglo pasado, no se ajustan a la nueva dinámica del mundo del siglo XXI, en el que la supervivencia de la especie es un tema más importantes que el de la otrora lucha contra el comunismo.
Y quizás, la Covid-19 sea tan solo el borde delantero de otras de las grandes crisis por las que ha pasado la civilización, devastadoras, demoledoras a su paso de unos de los logros más sublimes de la naturaleza: el ser humano.
Es hora del imperio del sentido común, de las buenas prácticas en todos los sentidos; es hora de la solidaridad humana, de compartir hasta el dolor, porque los humanos duelen igual, independientemente, del lugar que sean, del país que sea, de la cultura, religión o partido político del que sea.
La Covid-19 no hace distinción: las víctimas duelen porque somos humanos.
Causa indignación escuchar a Biden, decir lo que dice de Cuba: no hay duda, su actitud es expresión de una política antipolítica.

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