La FMC tiene el potencial transformador de nuestras prácticas cotidianas #Cuba #MujeresEnRevolucion

No fue hasta que leí la antología Feminismos negros, que recoge la obra de importantes autoras feministas estadounidenses, en especial un texto de Angela Davis, de gran sentido para mí, que reconocí el semblante de un movimiento con el que podría llegar a comulgar orgánicamente. El planteamiento esencial de estas feministas es que ser mujer no es una condición universal, ni puede considerarse al margen de otras marcas de discriminación y violencia, como lo son, la clase y el color de la piel.

No en balde, esta corriente del feminismo es uno de los soportes teóricos fundamentales de los actuales feminismos decoloniales y anticapitalistas en América Latina, que también se inspiran en la crítica al mimetismo de Occidente del que ha adolecido una parte hegemónica del pensamiento social latinoamericano, tanto como se sustenta en la propia historia de las formas de organización y lucha de las mujeres contra el patriarcado en nuestra región.

Lo interesante es que cuando se leen los discursos de Fidel sobre el tema mujeres en los primeros años de la Revolución, así como los pronunciamientos de Vilma Espín, una se percata de que este movimiento de mujeres que se institucionaliza luego con la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas el 23 de agosto de 1960, tal vez sea, desde un punto de vista histórico, el primer movimiento verdaderamente decolonial por la emancipación de las mujeres en América Latina, aunque no el único.

Los logros en materia de derechos y equidad de género desde los primeros años del proceso revolucionario fueron la comprobación de la hipótesis de muchas compañeras feministas que, de forma pionera, vieron en el capitalismo a un aliado orgánico del patriarcado y venían denunciando cómo para importantes sectores de las mujeres en el mundo, la lucha por la emancipación de género no podía darse sin llevarse a cabo, al mismo tiempo, la lucha contra el capitalismo y contra el racismo.

Todas las estructuras de dominación debían ser combatidas para que las mujeres encontraran las vías de desarrollarse a plenitud. Las ideas de Vilma sobre la importancia de eliminar la explotación con base en la clase social como condición necesaria para avanzar hacia otras formas de emancipación estaban en sintonía con lo que venía planteando el feminismo negro estadounidense, no en balde, algunas de las principales voces de esta tendencia simpatizaron con la Revolución. Las ideas de Vilma esbozan, a la vez, las tesis que hoy son defendidas por los movimientos feministas populares en nuestro continente.

Desde este punto de vista es injusto y tendencioso el reclamo que se le ha hecho a la FMC desde las campañas mediáticas contrarrevolucionarias por no haberse declarado feminista, cuando objetivamente estábamos ante uno de los movimientos de mujeres más revolucionarios y de vanguardia en América Latina, con mayores potencialidades para conquistar una equidad efectiva, como luego fue demostrado por el mismo curso de la Revolución.

El Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, aprobado por decreto presidencial el 9 de marzo de 2021, es el punto de llegada en el que se concreta la labor de muchos años de investigación y trabajo de mujeres de disímiles sectores y entidades, nucleadas y coordinadas por la FMC. El programa tiene un alcance sistémico, interseccional e intersectorial que cuenta con nuestro modelo de sociedad como condición de posibilidad y expresa la voluntad política del Gobierno cubano de radicalizar la lucha por los derechos de las mujeres en Cuba.

Es difícil imaginar que pueda ser efectivo un programa de tal alcance en otro sistema, con ese poder de articular en una sola agenda a tantas instituciones, organizaciones, actores políticos y sociales. Las mujeres cubanas somos, mirando el panorama que enfrentan la mayoría de las mujeres en el mundo, privilegiadas.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que la letra de los proyectos. El reto más importante es que el potencial transformador en materia de género de nuestras prácticas cotidianas que tiene este programa se haga efectivo donde aún persisten rasgos de una cultura patriarcal.

Grupos de mujeres siguen caminando sobre «pisos pegajosos» cuando tienen que llevar a la par una carrera profesional y el cuidado de niños/ niñas y/o madres/padres en el hogar, cuando tienen que convivir en ambientes familiares o vínculos marcados por la violencia, cuando producto de relaciones sexuales desprotegidas, siendo aún muy jóvenes, quedan embarazadas y en desventaja para aprovechar los circuitos de oportunidades de superación, entre otras condiciones que vulneran.

Las mujeres encuentran dificultades para el desarrollo pleno de sus capacidades cuando en su ascenso se topan con «techos de cristal», violencias que no son explícitas, pero se expresan de maneras muy sutiles a través de prejuicios, tabúes, actitudes, recordándoles cuáles deben ser «sus límites» y cuál es «su lugar».

Algunas mujeres aún tienen que lidiar con situaciones en que son menos reconocidas que sus compañeros por realizar la misma actividad. Determinadas profesiones y actividades siguen estando masculinizadas de modo que las mujeres que se aventuran en ellas deben enfrentar prejuicios y resistencias.

¿Cuánto no deseamos ver el protagonismo de más voces femeninas alzándose con liderazgo en la esfera pública en correspondencia con la gran cantidad de responsabilidades que ocupan? ¿Cuántas mujeres lesbianas y transexuales no han tropezado con dificultades para integrarse en sus comunidades de vida o trabajo por actitudes discriminatorias? ¿Cuáles son las oportunidades efectivas con que cuentan las mujeres para integrarse en igualdad de condiciones al escenario que surge con las nuevas formas de propiedad y gestión económica?

Invito a leer el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres. Se trazan líneas de acción que permiten avanzar respecto a todas las cuestiones mencionadas anteriormente, hacia un escenario más promisorio para combatir la violencia y en materia de derechos y equidad. Será efectivo si lo convertimos en un instrumento de trabajo para llevar a cada organización e institución la perspectiva de género, es decir, poner de relieve en cada caso las condiciones de todo tipo que vulneran a las mujeres y llevar hacia adelante las acciones que se requieren para transformar dichas condiciones.

El enfoque liberal ha colonizado en muchos territorios de nuestra región el activismo feminista. Las mujeres organizadas desde los feminismos populares saben de sobra que este tipo de agendas no resuelven los problemas que enfrentan, en su lugar, contribuyen con su reproducción. Se trata de un activismo complaciente con las estructuras de dominación de clase y raza, funcional a las políticas neoliberales. Activismo que se centra en la lucha por determinadas leyes sin mencionar en un ápice los agravantes del capitalismo.

Nuestro país no ha quedado al margen de este tipo de feminismo de laboratorio, que desconoce las conquistas de la Revolución en materia de género, que ataca a la FMC en lugar de compartir una crítica responsable y comprometida en tanto la institución representa un recurso importante para las mujeres luchar por sus derechos, que para referirse a las condiciones de violencia que enfrentan las mujeres en Cuba fabrican un escenario de abandono e impunidad total por parte del Estado, que equipara de forma ahistórica y tendenciosa la situación de las mujeres cubanas a las de otras regiones del mundo, sobre la base del análisis de cifras sacadas de contexto, que llama al paro de mujeres importando formas de lucha de otros lugares en los cuales el Estado es negligente o forma parte de las estructuras criminales responsables de asesinar o desaparecer mujeres.

Un feminismo que se presenta apolítico y desideologizado, que habla de derechos en abstracto, que no se compromete con la principal lucha que compete a las mujeres cubanas si de preservar garantías para una mayor equidad se trata, que es la lucha por la continuidad de la obra de la Revolución y la defensa del socialismo. No es más que la manipulación que se hace de una problemática social sensible, como se ha hecho de otras, para alimentar la propaganda que busca desacreditar la gestión del Estado y al sistema político en Cuba.

Pero, merodeando en torno a medios digitales privados o dependientes de organizaciones tapaderas del Gobierno de Estados Unidos de cuyo salario viven, no han encontrado eco en nuestras instituciones, organizaciones, comunidades y barrios. La «sociedad civil» de la que hablan se circunscribe a unos cientos de likes en redes sociales.

Prevalecen el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, la tradición de lucha de la FMC, nuestras conquistas reales, los derechos efectivos de que disfrutamos, la crítica revolucionaria y el liderazgo de las mujeres cubanas en múltiples escenarios.

Sin embargo, el camino debe continuar, hasta superar todo gesto del patriarcado. Los cambios económicos en curso configuran un escenario futuro de heterogeneización de la sociedad cubana con un impacto en la vida de las mujeres. Será necesario mapear de cerca cómo se comportarán e intersectan los marcadores de diferenciación social en términos de posición en la estructura socioclasista, en términos de género y color de la piel de cara a las condiciones socioeconómicas de la población. Habrá que hacer efectivas políticas sociales para mayor equidad allí donde se evidencien zonas de vulnerabilidad para las mujeres.

Nuestro socialismo está siendo llamado por las mujeres cubanas de esta época a desplegar su potencial en la búsqueda de mayor equidad de género y la FMC, sin duda, está al frente de esa hermosa e importante misión. Larga vida a nuestra organización.

Tomado de Granma

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