#Cuba Un recorrido por la política migratoria cubana

Un recorrido por la política migratoria cubana (+Cronología)
Desde el mismo triunfo de la Revolución en enero de 1959, quedó clara la estrategia migratoria estadounidense hacia Cuba

No se puede hablar de la política migratoria cubana sin mencionar el rol esencial de Estados Unidos a lo largo de su historia. Desde el mismo triunfo de la Revolución en enero de 1959, quedó clara la estrategia migratoria estadounidense hacia Cuba, caracterizada por la agresividad y el interés desestabilizador y subversivo.

A partir del 1 de enero de 1959 Estados Unidos comenzó a aplicar una política migratoria para Cuba dirigida en un primer momento a ofrecer protección y asilo a los asesinos, esbirros, torturadores, malversadores y ladrones de la tiranía encabezada por Fulgencio Batista. Luego, se lanzaron a estimular la emigración ilegal de ciudadanos cubanos hacia ese país, dando prioridad a los profesionales y personal calificado.

Poco a poco, Washington fue suspendiendo los vuelos regulares y las vías para la salida legal desde Cuba. Al mismo tiempo, empezaron a otorgar automáticamente el estatus de refugiado a todo ciudadano cubano que arribara al territorio estadounidense.

De hecho, tan solo en el período entre 1959 y 1962, 274 000 cubanos emigraron a Estados Unidos. De ellos, los primeros 70 000 ingresaron a ese país sin mediera trámite migratorio alguno.

Luego, una serie de acontecimientos marcaron una nueva etapa del proceso migratorio externo cubano: la ruptura las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos en 1961, los acontecimientos de Playa Girón, el desenlace de la Crisis de Octubre, de la instauración del bloqueo económico, comercial y financiero y la suspensión de los vuelos directos entre los dos países entre 1962 y 1965 provocaron la interrupción del flujo migratorio y, por tanto, un potencial sin salida por vía legal.

El régimen de visados era manipulado y a su vez se incentivaba las salidas ilegales, otorgando el status de refugiado a los ciudadanos cubanos que llegaban a territorio estadounidense. Comenzó, además, un proceso de radicalización de la participación política de la emigración y de sus agrupaciones contrarrevolucionarias. Así mismo, se intensificó la emigración hacia terceros países como Canadá, México, España y Venezuela.

La estrategia migratoria estadounidense hacia Cuba quedó clara una vez más en 1966, cuando entró en vigor la Ley de Ajuste Cubano, una política migratoria inmoral y discriminatoria con el propósito de incentivar las salidas ilegales de ciudadanos cubanos hacia ese país. Única de este tipo en el mundo, ofrecía a los cubanos que llegan a los Estados Unidos por vías ilegales privilegios que no reciben ciudadanos de ninguna otra nacionalidad ni país.

En 1995, como memorando de la Ley de Ajuste Cubano, entró en vigor la política de “Pies Secos-Pies Mojados” que permitía a los cubanos que tocaban suelo estadounidense permanecieran de manera legal en el país, trabajar y solicitar beneficios monetarios, sociales y médicos, así como la residencia permanente a partir de un año de su llegada. Fue implantada con el fin de estimular a los cubanos a abandonar el país de forma ilegal poniendo en peligro sus vidas bajo la ilusión del sueño americano.

Así mismo, en 2006, George W. Bush creó el Programa para Profesionales Médicos Cubanos que permitía la entrada de los profesionales de la salud que participaran en misiones internacionales del gobierno cubano a los Estados Unidos. Además, concedía visados y condición de refugiado al personal médico.

Si bien el presidente estadounidense Barack Obama puso fin a ambas políticas en 2017, la incongruente y arbitraria política migratoria aplicada por Washington contra Cuba, sumado al incentivo de la Ley de Ajuste, ha provocado, desde 1965, tres grandes oleadas migratorias: Camarioca, 1965; Mariel, en 1980, y la denominada “crisis de los balseros”, en 1994.

Precisamente, después de las dos últimas crisis migratorias mencionadas se produjeron varias rondas de conversaciones entre ambos países, que concluyeron con la firma, en 1984, del Acuerdo de Normalización de las Relaciones Migratorias, donde Estados Unidos asumió el compromiso de otorgar hasta 20 mil visas anuales. Sin embargo, no lo cumplieron y crearon así las condiciones para la crisis migratorio de 1994.  Además, se acordó que Cuba recibiría 2 746 emigrados “excluibles”, una parte de los que se habían marchado por el puerto de Mariel en 1980. No obstante, entre 1985 y 1987, los acuerdos quedaron suspendidos ante la denuncia realizada por Cuba de las trasmisiones ilegales de Radio Martí, desde territorio estadounidense.

Más tarde, se llegó al Acuerdo Migratorio del 9 de septiembre de 1994 y la Declaración Conjunta del 2 de mayo de 1995. Estados Unidos retomó el compromiso de otorgar un mínimo de 20 000 visas anuales a cubanos que deseen emigrar a su territorio. Se establecieron las rondas semestrales de conversaciones migratorias para el chequeo del cumplimiento de los acuerdos. En dichas reuniones Cuba ha llamado la atención sobre las irregularidades en el cumplimiento de los Acuerdos que persisten por parte de Estados Unidos y que contradicen y violan la letra y espíritu de estos documentos.

En el 2017, Cuba y Estados Unidos firmaron un acuerdo migratorio refrendado en una Declaración Conjunta, lo cual reflejó la voluntad del gobierno cubano para adaptar las políticas migratorias de aquel momento a las condiciones del futuro.

Sin embargo, el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos hizo todo lo posible para evitar la entrada a su país de emigrantes cubanos. En diciembre de 2018 Trump anunció el cierre del Servicio de Ciudadanía e Inmigración en su oficina local de Cuba.

Esta medida trajo consigo la interrupción injustificada del otorgamiento de visados a los cubanos, obligándolos a viajar a terceros países sin garantía alguna, y al incumplimiento de la cuota de visados establecida por los acuerdos migratorios. Además, la decisión ha impuesto altos costos económicos a los viajes familiares y de intercambio en múltiples áreas.

Así mismo, en marzo de 2019 Trump anunció la reducción para los cubanos del tiempo de validez de la visa B2 de cinco años a tres meses, con una sola entrada, con la excusa de mantener una reciprocidad con el tratamiento de Cuba a los estadounidenses.

Durante todos estos años, la voluntad y compromiso del gobierno cubano ha sido la misma: garantizar la migración regular, segura y ordenada, así como cumplir cabalmente con cada uno de los acuerdos migratorios establecidos entre ambos países.

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