#Cuba Camilo está en el corazón del pueblo

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Por: Israel Valdés Rodríguez

Tras los días angustiosos que siguieron a la noticia dolorosa del 28 de octubre de 1959, que había sumido al pueblo en gran desazón, pendiente de los partes noticiosos acerca de la incesante búsqueda del heroico Camilo Cienfuegos, llegaba en última hora la nueva que provocó una desbordante y cálida alegría en todo el pueblo: ¡Camilo vivía, había sido encontrado!

Hombres y mujeres, ancianos y niños, salían a las calles, por todo el barrio, felicitándose con los ojos húmedos por la emoción, incapaces de acorralar en sus hogares aquella intensa admiración, cariño, simpatía y respeto que sentían hacia el gran jefe guerrillero, el Héroe de Yaguajay, cuya desaparición física se habían negado a admitir.

Pocas horas después, el sobrecogimiento hacía presa nuevamente al pueblo. La noticia realmente no había sido confirmada, algún enemigo inescrupuloso y solapado lanzó la infame esperanza que se adueñó de la población.

El 12 de noviembre, el entonces primer ministro, Fidel Castro Ruz, informaba al pueblo los pormenores de la búsqueda que durante 15 días se había realizado en la zona, y aún más allá, en la que había desaparecido Camilo durante su viaje, en avión, de Camagüey a La Habana.

Duro y triste resultaba aceptar su pérdida definitiva, la realidad se imponía a Cuba en el alba prodigiosa de su gestión revolucionaria, le era arrebatado uno de sus más insignes héroes, cuya talla legendaria se agigantaría con el decurso de los años y el conocimiento cada vez más amplio de los hechos que protagonizó.

De la personalidad de Camilo resaltó el Che: “su alegría, su franqueza, su disposición de todos los momentos a ofrecer su vida, a pasar los peligros más grandes con naturalidad total, con una sencillez completa, sin el más mínimo alarde de valor, de sabiduría, siempre siendo un compañero de todos, a pesar de que ya, al terminar la guerra era, indiscutiblemente, el más brillante de todos los guerrilleros”.

Estas cualidades de Camilo, le ganaron la admiración y el respeto del pueblo, que no sólo reconocieron en él a uno de los principales jefes de la insurrección contra la tiranía, sino además, a un firme puntal de la nueva sociedad que comenzó a construirse el primero de enero de 1959.

Durante los escasos diez meses que pudo Camilo dedicar a la Revolución triunfante, trabajó día y noche, sin descanso, demostrando un heroísmo cotidiano que únicamente pudo ser truncado con la muerte.

Pero el ejemplo de Camilo no murió, fue una simiente que fructificó en el surco profundo de la Revolución y produjo otros Camilos, que inspirados en su vida heroica realizaron y llevan a cabo cada día proezas en el combate y en el trabajo, como nos enseñó el héroe inolvidable.

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