#Cuba 26 – 27 de noviembre de 1891: Martí en Tampa

Algo que debe ser cotidiano en todo verdadero patriota cubano es el de beber constantemente de la savia martiana. La obra martiana es imprescindible como fuente de conocimientos y de consulta para todas las generaciones de cubanos.

Martí fue un hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista; hombre de intachable conducta personal, tanto pública como privada y con cualidades humanas que en ocasiones parecen insuperables. Fue un cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del siglo XIX. He aquí un pasaje de su vida y su obra.

José Martí llega a medianoche, el 25 de noviembre de 1891. Lo reciben bajo un fuerte aguacero, numerosos cubanos y una banda de música. Al día siguiente, se reúne con los representantes de los clubes revolucionarios de Tampa y con ellos discute y aprueba el documento conocido como “Resoluciones de Tampa”. Por la noche, en el Liceo Cubano, pronuncia su discurso “Con todos y para el bien de todos”. Allí expone:

“Para libertar a los cubanos trabajamos y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos!”. Critica la discriminación racial: “¿Le tendremos miedo al negro, al negro generoso, al hermano negro, que en los cubanos que murieron por él ha perdonado a los cubanos que todavía lo maltratan? Pues yo sé de manos de negro que están más dentro de á virtud que los de blanco alguno que conozco”.

El día 27, promovida por él, tiene lugar en la casa del patriota negro Cornelio Brito una reunión en la que queda fundada La Liga, sociedad análoga a la que existe en Nueva York. Es aceptado como miembro del club Liga Patriótica Cubana, y en horas de la noche, en la velada de homenaje a los estudiantes de medicina fusilados en 1871 que se efectúa en el Liceo Cubano, en esa gran pieza oratoria denominada “los Pinos Nuevos”, afirma que no es de cubanos, ni lo será jamás “avivar con un haz de niños muertos, los crímenes del mundo” ni vivir “dándole vueltas al odio”.

Aquí, exhorta, bajo una nueva perspectiva revolucionaria y el ejemplo de los próceres caídos, a todas las generaciones, desde los héroes del 68 hasta los nacidos después de Baraguá, a erguirse como “pinos nuevos. ¡Eso somos nosotros, pinos nuevos!”

¡Que gran enseñanza para los cubanos del presente! Los “pinos nuevos” de hoy deben erguirse ante los peligros de la patria, cuando una jauría de vende patrias y mercenarios intentan sembrar el odio entre los cubanos a través de una verdadera guerra mediática. La unidad es la divisa fundamental para continuar siendo consecuentes con la prédica martiana.

Autor: Israel Valdés Rodríguez

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