#Cuba 60 aniversarios del asesinato de Pedro Lantigua y Manuel Ascunce

manuel pedro f archivo

La Campaña de la Alfabetización ha sido una de las tareas más importantes de nuestra Revolución al convertirse en un hecho educacional y cultural que adquirió una significación nacional e internacional ejemplarizante, pero como toda obra de proyección noble y humana, donde la escuela se vinculó con el pueblo y se convirtió en una misión emprendedora, masiva y genuinamente popular también fue objeto de la barbarie terrorista de los Estados Unidos contra Cuba al alentar, preparar y suministrar armas a los bandidos contrarrevolucionarios alzados en las zonas montañosas de nuestra geografía, quienes se dedicaron a cometer crímenes horrendos para tratar de refrenar y hacer fracasar esta bella obra de la Revolución. Fue el engendro terrorista el causante de los asesinatos de aquellos hombres y mujeres (jóvenes en su gran mayoría) que al llamado de la patria se incorporaron al ejército de maestros voluntarios, para llevar a toda Cuba la luz de la verdad.

Siendo aproximadamente las 8 de la noche del 26 de noviembre de 1961 golpearon a la puerta del humilde hogar del campesino Pedro Lantigua Ortega, en la finca Palmarito, barrio del Río Ay, en Trinidad, en la actual provincia de Sancti Spíritu. El campesino, que además era miliciano, tomó su fusil y salió a conocer quienes eran los inesperados visitantes, pero al encontrarse con un grupo de hombres vestidos con uniforme verde olivo e identificarse como milicianos, bajó el arma, siendo súbitamente desarmado. Acto seguido lo amenazaron con asaltar la vivienda y matar a su familia si ofrecía resistencia.

Estos individuos eran alzados contrarrevolucionarios que estaban bajo las órdenes de Julio Emilio Carretero Escajadillo, que en aquel momento fungía como jefe de una comandancia en el Escambray. Este bandido al presentarse en el lugar, después que sus subordinados tenían prácticamente inmovilizado al campesino Lantigua, preguntó por el maestro.

El joven brigadista Manuel Ascunce Domenech, de solo 16 años de edad, al escuchar el altercado salió resueltamente y con manifiesta dignidad respondió: “! Yo soy el maestro!”

La actitud desafiante del adolescente produjo mayor irritación entre los malhechores, quienes se sabían confiados al ver desarmados a los dos revolucionarios y superarlos numéricamente, arremetieron contra ellos de la forma más brutal y cobarde, además de llevarse con ellos a Pedrito. Mariana los sigue y logra arrebatarle al hijo, saliendo en busca de apoyo y refuerzos pero, el estado del tiempo, la oscuridad de la noche y las dificultades propias del camino, no le permitieron evitar a tiempo el trágico desenlace. Dos horas después fue que pudo contactar con una compañía de milicianos a las órdenes del teniente Manuel Monteagudo Consuegra y se procedió a la persecución de los bandidos y en las primeras horas del alba encontraron colgados en un árbol a los dos valientes hijos de nuestra patria.

En el acta de reconocimiento de los cadáveres confeccionado por el juez instructor Rubén Darío Zayas Montalván, se aprecia la magnitud del salvajismo de los mercenarios del imperio. Veamos su reproducción textual: “Cuando llegamos al árbol, miré a Manuel: pelo negro, algo caído hacia la frente; los labios ennegrecidos, la lengua con un intenso color violáceo, con coágulos en sus bordes. Me llama la atención que no estuvieran sus globos oculares fuera de las órbitas, como sucede siempre en los ahorcados; ello me convenció que lo habían colgado casi muerto. Tenía también un profundo surco en el cuello, fractura del cartílago laríngeo, perceptible a la palpitación del forense.

“Examinamos sus órganos genitales, se observan contusiones, indicativos de haber sido sometidos a compresión y distorsión. Catorce heridas punzantes de distintos grados de profundidad”.

“A su lado estaba Pedro Lantigua: cabellos castaños, algo rojizos; hombre fuerte, el rostro cubierto de manchas, todo rígido, muestras visibles de haber luchado contra sus asesinos y señales de haberlo arrastrado muchos hombres, golpes, un surco equitómico en el cuello”.

Aquí se aprecia el sadismo y el odio visceral de los enemigos de la Revolución quienes con sus crímenes trataron de impedir el éxito de la ambiciosa meta trazada por el Gobierno Revolucionario de eliminar el analfabetismo en solamente un año, o sea, desde enero a diciembre de 1961.

La misión de los brigadistas requirió de una gran dosis de valentía, sacrificio, voluntad, patriotismo, fidelidad, solidaridad y humanismo. Aquí se puso de manifiesto la enconada lucha de clases donde los alfabetizadores eran los representantes del bien, porque fueron a cumplir una tarea noble, revolucionaria y pacífica. En esa grandiosa y épica obra humana, la Campaña de la Alfabetización, tuvimos que pagar una cuota de vidas humanas, de mártires; ese fue el precio de la batalla por la cultura y la verdad. A pesar de todo, el 22 de diciembre de 1961, Cuba fue proclamada Territorio Libre de Analfabetismo.

Autor: Israel Valdés Rodríguez

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