EE.UU.: Niñez sesgada en país enfermo

La reciente tragedia en una escuela de Texas donde un tirador de 18 años, tras agredir a su abuela, mató a 18 niños de primer, segundo y tercer grados y tres mayores, de ellos un maestro, no es más que el producto de una sociedad enferma, donde sus dirigentes no asumen con la energía necesaria los problemas que tienen que solucionar, en aras de no dañar los negocios y las posiciones de poder derivadas de ello.

Si en el 2021 se estableció un record en este aspecto negativo, el 2022 no depara nada bueno, con las enormes posibilidades de que este tipo de tragedia se multipliquen junto a las otras que dañan seriamente a una sociedad enojada, no importa cuán rica sea y en un país hacia el que muchos quieren aún ir.

Varios medios de prensa y personalidades norteamericanas se preguntan por qué ocurren tantos episodios de este tipo en su país, cuyos índices no tienen comparación con el resto de las naciones desarrolladas: 93 personas mueren cada día por disparos de armas de fuego, y allí ocurren con alarmante regularidad los tiroteos masivos en escuelas, iglesia, conciertos y otros lugares públicos.

De acuerdo con la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito, Estados Unidos registra una tasa de homicidios de 4,88 muertos por cada 100 000 ciudadanos, muchísimo más alta que la de naciones ricas como Austria (0,51) o los Países Bajos (0,61), pero también superior a otras más pobres como Albania (2,28), Bangladesh (2,51) y Chile (3,59).

A lo anterior se suma el fenómeno de los ataques masivos, que ocurren en Estados Unidos a un ritmo sin precedentes a nivel internacional en zonas que no enfrentan conflictos bélicos.

LO MALO ES FÁCIL

La facilidad con que un posible atacante puede adquirir un arma de fuego, incluso de categoría militar, es otra de las características que eleva el saldo de víctimas en este tipo de acontecimientos.

A pesar de intentar algunas prohibiciones, sigue aumentando la venta de un arma realmente mortal –aunque todas lo son- como el AR-15.

Fabricado por la empresa Remington, es un rifle de alto poder semiautomático. Tiene la triste fama de ser el arma asesina más utilizada en las recientes masacres masivas de Estados Unidos y hay más de ocho millones de ellas en poder de los estadounidenses.

Las 21 muertes en la escuela primaria de Texas se integra a la lista de más atentados mortíferos contra los seres que están en la primera etapa de su vida. En Florida, el pasado año, las víctimas fueron 17, que se suma a otras acciones mortíferas como el Tecnológico de Virginia, 32 fallecidos en el 2007; Primaria Sandy Hooke, 26 en el 2012; Secundaria Tonema Douglas, 17 en el 2018; y Universidad de Texas, 14 en 1966.

SE PODRÍA EVITAR, PERO…

Durante los últimos años y tras la seguidilla de tiroteos masivos, como el ocurrido en un concierto en la Vegas, con saldo de 58 víctimas, fueron muchas las voces que se alzaron para exigir un mayor control en las ventas de armamentos, aunque es un derecho amparado por la Constitución estadounidense, gracias a un Artículo 2 sumamente controvertido, porque muchos lo consideran obsoleto.

Pero los grupos de influencia como la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) cabildean con fuerza en Washington para evitar cualquier legislación que disminuya las ganancias de su lucrativo negocio.

El anterior presidente, Donald Trump, recibió el apoyo directo de la NRA para las elecciones del 2016 y se negó a criticar las facilidades en el acceso a las armas en los ataques ocurridos bajo su administración.

De hecho, en sus primeras declaraciones, Trump llamó a “atacar el problema de la salud mental”, pero ni siquiera nombró la palabra arma, ni que, con 300 millones de armas de fuego en Estados Uñudos, algunas tienen que caer en manos perpetradoras de asesinatos masivos.

Hay mucho que decir y más que hacer, si hubiera voluntad de tratar de arreglar este grave problema que ocurre muchas veces en lugares apacibles como el de Texas.

Por su parte, el presidente norteamericano, Joe Biden, quien se hallaba en ese momento de gira en el Pacífico, en contacto con sus aliados de la región, conspirando contra China y Rusia, declaró duelo oficial a su regreso y se expresó fuerte contra los cabilderos de la industria de las armas:

«Cuando aprobamos la ley de armas los crímenes bajaron y cuando expiró volvieron a subir. En el nombre de Dios, ¿para qué alguien necesita un arma de asalto? Acaso, ¿van de cacería de animales con chalecos de balas? Tenemos que tener el coraje de enfrentar a la industria. Yo sé que la mayoría de los estadounidenses apoya leyes de control de armas».

Biden, cuando era vicepresidente de ´Barack Obama, también intentó hacer algo al respecto, pero fracasó. ¿Qué pasará ahora cuando supremacistas, racistas y cazadores de inmigrantes pululan armados por doquier, en un país ya enfermo donde se acaba de sesgar nuevamente la vida de la niñez?

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