Nuestra determinación tiene que ser, ahora y siempre, que saldremos adelante, nunca nos rendiremos

Personas esperan fuera del Centro Comercial de Cuatro Caminos para realizar su compra. Foto: Karina Rodríguez Martínez

El vídeo viral de Amelia es un ejemplo de manual de lo que se llama gestión de la irritación.

Se toma un contexto concreto (la escasez, unido a la inflación), se le hiperboliza en sus aspectos negativos, dramatizando sus consecuencias ( los hijos no tienen merienda), se hace blanco en un aspecto concreto que sea sensible y fácil de entender, pero que sirva de símbolo (la cuenta de la luz), se enfoca en quien se quiere hacer culpable (el Gobierno), pero se evita ser genérico, sino que ese Gobierno se personaliza ( el ministro, Díaz-Canel), se desfigura esos culpables (son unos gordos, panzones, vive bien, no sufren lo que esa madre), se hace implícito que no dan soluciones porque no quieren, y entonces se lanza como única solución la acción que quieren promover (vender al país, salir a las calles).

No se trata de que la vida cotidiana no sea tremendamente difícil, se trata de usar ese contexto para exacerbar la irritación, manipularte e inducirte a una respuesta emocional que no es solución, pero sirve a sus propósitos.

Sí, es tremendamente difícil la vida cotidiana, estamos en un contexto internacional de descontrol inflacionario, ruptura de las cadenas de suministro, escasez de alimentos, encarecimiento del petróleo. El mundo está en crisis. Hay una tercera guerra mundial desatada sin declararse. Países ricos como Alemania hablan del peligro de no tener harina, de no saber cómo cubrir el déficit energético para el invierno. EE.UU. declara emergencia por escasez de leche en polvo. La ONU advierte de una hambruna terrible en ciernes para África.

En medio de ese contexto, para Cuba, el maldito bloqueo por todas partes. El país, junto al Gobierno y el Partido, trabaja a brazo partido por salir adelante, sobreponernos, avanzar. Los resultados serán lentos, pero serán. A pesar de todo eso, los productos normados siguen garantizándose, las escuelas no cierran, tampoco las universidades, los hospitales trabajan a pesar de la escasez. La salida a esta situación es trabajar duro, destrabar los problemas, producir más y no cansarnos.

¿Difícil? Sí, difícil, pero es lo que hay. No dejemos que gerencien nuestra irritación para manipularnos de acuerdo con una agenda política bien trazada. Después del fracaso de la cumbrecita de Los Ángeles están desesperados por lograr una explosión social que les justifique la infamia de habernos excluido. Esta es una operación de laboratorio, nada espontánea y detrás de ella, los sospechosos habituales.

Nuestra determinación tiene que ser, ahora y siempre, que saldremos adelante, nunca nos rendiremos.

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