La propaganda de guerra del caos.

Con la decapitación del periodista James Foley, las operaciones psicólogicas a cielo abierto para legitimar la intervención mundial renuevan sus herramientas y cristalizan la sofisticación de la propaganda de guerra.
La decapitación del periodista James Foley nos construyó un relato narrativo humano y épico de su vida, pero detrás renacen las mismas dudas de siempre sobre su papel en Libia, Afganistán, Irak y Siria como reportero, o agente encubierto de la CIA, como lo plantea la conspiranoia mundial.

Su caso sirve de excusa para hacer un repaso breve pero intenso por algunas de las últimas operaciones psicológicas más famosas, para reconocer las costuras del caos y ver cómo se construye el relato del estado de excepción global, la principal parada de Estados Unidos en su guerra abierta para condicionar el giro mundial hacia Euroasia como región central del poder global.

¿Es o no es?

Una norma de las guerras es tener agentes de inteligencia encubiertos que proporcionen insumos estratégicos para la toma de decisiones. Así, con la globalización de las telecomunicaciones y el nacimiento de bloques informativos alternativos nos enteramos, por ejemplo, de que en Libia había periodistas con carácter de dobles agentes, que hicieron visible su posición ni bien Tripoli fue tomada por los «rebeldes», y los corresponsales alternativos tuvieron que escapar, como sucedió con el equipo de Telesur y con el director de la Red Voltaire, Thierry Meyssan.
De ahí nacen las dudas sobre la trayectoria de Foley y los análisis sobre si el vídeo es una obra maestra de la ficción hollywoodense o una ejecución horrorosa, lisa y llanamente. Sea lo que fuese, de la ejecución de Foley nace un hecho político y una posterior utilización que convierte este debate en una anécdota al lado de la capacidad propagandística del Estado Islámico y su notable grado de asesoría en lo mediático, que lo ponen al nivel de una compañía trasnacional de la publicidad y el marketing de productos.
Total, de eso se trata: vender un producto, la guerra santa global, y luego rescatar el acumulado para justificar la intervención militar bajo el pretexto humanitario.

El último miénteme que me gusta

Asistimos a una sofisticación inevitable de la propaganda de guerra, que en 2014 tocó su punto máximo con la decapitación de Foley pero también con el derribo del Malaysia Airlines en la zona en que el Ejército ucraniano y sus nazis intentan terminar con la resistencia de la población rusófona.
En esa operación psicológica, nos dijeron:
  1. Los rebeldes ucranianos lo derribaron con una batería anti misiles.
  2. Moscú y los rebeldes se negaron a que una comisión independiente visite el lugar para confirmar lo «seguro», que el avión fue derribado por los rebeldes.
  3. El derribo del avión comercial es un crimen de guerra contra civiles y es culpa de Putin por su invasión deliberada a Ucrania.
¿Cuál fue el resultado? Una hábil estrategia de Moscú que desbarató la operación psicológica (que igual sirvió para vender las sanciones) con sólo publicar la imagen de un radar en el que se ve un caza ucraniano custodiando el avión comercial minutos antes del derribo.
Ahora la mass media no habla más de la operación y Holanda se niega a publicar los datos completos de la caja negra del Malaysia Airlines, lo que evidencia una falta total de relato para renovar la retórica militar contra Rusia.
La vida de los cientos de civiles asesinados para la escenificación, bien gracias, carcomidos por la cínica geopolítica mundial.

Lo crudo, lo real, ¿lo irreal?

Pero la densidad de la propaganda informativa se encuentra concentrada en los últimos dos conflictos de mayor magnitud mediática: Libia (donde casualmente hoy existe un manto de silencio) y Siria, dos espejos crudos de la construcción de una batería de misiles mediáticos para invadir al país como un hecho consumado por las consecuencias construidas en la psiquis para justificar una decisión ya tomada, la intervención extranjera.
En la primera fase de los dos conflictos se tomó mano de un ejército irregular de infiltración bajo un frente multidiverso de yihadistas y mercenarios escondidos detrás de un punto focal de comienzo del conflicto, un levantamiento de raíz «popular»contra la «tiranía» de turno, que en Libia fue escenificado en cuatro ciudades (principalmente en Bengasi) y en Siria en Deera, en la que el relato dominante nos dijo que una supuesta represión motivó la escalada de violencia y la creación «espontánea» de frentes de guerra irregular conducidos por «revolucionarios románticos amantes de la libertad».
En Libia los hechos en el terreno se aceleraron tanto que en poco tiempo Gadafi retomó la iniciativa y la OTAN tuvo que construir un expediente de derechos humanos mediático para que el Consejo de Seguridad de la ONU aceptara una zona de exclusión aérea, que le quitó al Gobierno la capacidad de terminar con el asedio a Bengasi y fue la piedra de toque para el avance irrestricto del ejército irregular en el caos libio, lo que en Siria no pudo realizarse con un ataque químico en las afuera de Damasco, que fue atribuido al Gobierno y posteriormente se conoció que fue ejecutado por los supuestos «rebeldes».
¿Qué recursos mediáticos se usaron en ese momento? Los falsos informes de derechos humanos de Human Right Watch (entre otros), los vídeos caseros descontextualizados de una guerra reproducida en redes sociales, los doble agentes reporteriles y también los misiles mediáticos de Al Jazeera en los que se escenificó un falso bombardeo y la toma de la plaza verde de Trípoli, Libia en una ciudad maqueta, que en ese momento fue desmentido por Telesur y el Dossier de Walter Martínez, entre otros medios alternativos.
El analista geopolítico Eric Draitser, además, desmenuza entre líneas como fue otra de las operaciones psicológicas de la intervención de ese momento:
«Al Jazeera fue la primera organización de noticias en informar, y repetir hasta la saciedad, la mentira de que los soldados de Gadafi estaban violando sistemáticamente a las mujeres en Bengasi, y que recibían viagra de parte de sus oficiales al mando. Esta afirmación, repetida por Hillary Clinton, la por entonces secretaria del Departamento de Estado de Estados Unidos, fue desacreditada por no haber ninguna prueba que fundamentara la acusación. Y, sin embargo, esta fue una de las principales alegaciones que se utilizó para justificar la acusación formal emitida por Luis Moreno-Ocampo, fiscal general de la Corte Penal Internacional. Este hecho, entre muchos otros, muestra cómo la irresponsabilidad de Al Jazeera, las organizaciones periodísticas y de derechos humanos, condujo directamente a la guerra en Libia».
Este mismo libreto intentó ser utilizado en Siria pero fue frenado por Rusia (respaldado por China), lo que desbarató con el tiempo la nueva operación psicológica del ataque de falsa bandera contra la población siria.

La evolución de la propaganda, la nueva motivación

Los noventa fueron una gran escuela de las operaciones psicológicas en los VHS mundiales, y en ese contexto es que nos vendieron una limpieza étnica en Yugoslavia para balcanizarla y nos dijeron que el Ejército de Sadam Husein sacaba a los niños de las incubadoras y los dejaba morir durante la invasión a Kuwait con el testimonio de una actriz, que luego se conoció que era hija del embajador de Kuwait en Washington.
El por entonces falso positivo fue el que justificó la intervención «humanitaria» en el conflicto y dio comienzo al primero de varios gobiernos que invadirían continuamente Irak, dejando a un lado la propaganda basada en el anticomunismo de la Guerra Fría, que ponía, por ejemplo, a los sandinistas al borde de un ataque militar a Estados Unidos cuando se disponían a rearmar un país golpeado por un terremoto y una guerra.
Entonces, así es que se dio paso a la retórica y a las operaciones psicológicas de la intervenciones humanitarias, luego a esto se lo condimentó con los revolucionarios del amor, los dictadores del odio, los fanáticos musulmanes voladores y ahora llegamos a una nueva fase gastada que nos dice: Putin malo, malo, malo, y la rueda comienza a girar de nuevo.
Desde el invento de la explosión del Maine (el buque de Estados Unidos estacionado frente a Cuba) para entrar en guerra con España y colonizar su «patrio trasero», a la decapitación de Foley, poco ha cambiado en la propaganda de guerra, solo los actores.
Ahora Rusia, China, y el enemigo de turno pueden ser presos de una bomba de verdad selectiva y resistir como puedan su explosión.
Ya nada importa en la guerra fría en curso, la «verdad» es una mentira.
(*Por Bruno Sgarzini (Misión Verdad: http://misionverdad.com)
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