La contratación de atletas cubanos; ¿y quién me paga a mí? #Cuba

Víctor Ángel Fernández

Por Víctor Angel Fernández

Sobre el tema de la contratación de atletas cubanos, para insertarse en equipos fuera de Cuba se ha venido hablando –y ejecutando—en los meses más recientes, no obstante, en mi opinión, con tardanza en función de las realidades del mundo exterior.

Están aprobadas regulaciones, se firman varios convenios, aunque el desconocimiento o el descontrol, hayan llevado a un par de situaciones realmente desagradables, ambas de dominio público y aún con sombras sobre lo explicado. El béisbol, el voleibol y el ajedrez, retoman intentos previos, también del voleibol y en momentos más antiguos, con el baloncesto y el pequeño experimento que no fructificó, en equipos latinoamericanos de ese deporte.

Como era de esperar, estas decisiones han traído toda la gama posible de opiniones en las conocidas peñas oficiales, en momentos de descanso de la jornada laboral o simplemente en una conversación callejera, sobre todo si la palabra “conversación” se le puede aplicar a esos espacios de abierta discusión cubana.

Un tema muy repetido, es el derecho que tienen esos deportistas, a recibir el pago total y la “obligación” del estado de cumplirlo, pues, como se aduce, lo obtenido en el contrato, no es más es el fruto de su propio esfuerzo del atleta, para lograr jonrones, remates, ELO, o también encestes, carreras, saltos o disparos, cuando un día, estas opciones se amplíen a toda la gama de deportes practicados en Cuba.

La explicación más socorrida para esa propuesta del “todo a la cuenta del competidor” es que las grandes figuras del deporte profesional en el mundo, lo hacen así mismo y se llevan a sus casas o a sus balances bancarios, el total de lo que dice el contrato.

No me imagino si esa posición se debe a ingenuidad, desconocimiento o a la peligrosa unión de ambas, pero buscando sólo un poquito de información es fácil refutar el argumento. Un par de ejemplos.

David Beckham, ya con el declinar de su carrera, al salir del Real Madrid hacia un desconocido equipo de Soccer en Estados Unidos, pues allí el nombre genérico de fútbol se le aplica a otro deporte, recibía un contrato muchísimo menos jugoso que en Chamartín, pero la nueva cláusula firmada, le permitía quedarse con la mitad de su contrato de publicidad, que hasta ese momento engrosaba las arcas del equipo merengue. En simple conclusión: no todo era de él.

El segundo ejemplo se puede aplicar a decenas de jugadores que, también en el ocaso, se ven obligados a “alargar” su vida deportiva en innombrables equipos de Dubai, Qatar, Turquía, Corea del Sur, pues al parecer, sus grandiosos salarios anuales como parte de la galaxia del más universal de los deportes, se va por algún agujero negro o en “la verdad verdadera”, no es tanto o tan significativo, lo que va a sus bolsillos.

Representantes, publicistas, cazadores de talento, entrenadores deportivos y comunicacionales, personal administrativo de los clubes, incluido el fisco, son los reales receptores de la carne limpia y los mejores cortes en el grueso del contrato. La testaruda vida demuestra que casi ninguno de ellos, al final de su carrera llega a formar parte de los selectos clubes de FORBES u otras publicaciones dedicadas a la farándula adinerada del mundo. Mientras que una buena cantidad, cierran su recorrido vital como grises entrenadores, de algún perdido equipo en una ignorada ciudad del país que los vio nacer y los aplaudió hasta el delirio.

Pero entonces al hacer el análisis de los deportistas cubanos, se olvidan, valga la redundancia, de la realidad cubana.

Vale la pena recordarles a los de corta memoria, que en Cuba, de forma GRATUITA, la progenitora del deportista empezó a recibir cuidados –no olvidar que los pagamos todos nosotros y además, con mucho gusto, como razón de nuestro real y deteriorado salario— desde que ese atleta era un simple embrión. El tratamiento, al igual que para todas las cubanas, incluyó vacunas, chequeos dentales, reforzamiento de la dieta, canastilla, reposo y licencia de maternidad completamente pagada, sin el miedo –una constante en el mundo—a perder el trabajo por ese estado natural de la mujer. Todo con extrema profesionalidad, incluido el parto hospitalario controlado. El niño o la niña desde el primer día, asimismo recibieron, vacunas y atención médica especializada. Casualmente, como al descuido para los desmemoriados, todo ese proceso es reconocido por instituciones internacionales y ubica a Cuba, país lleno de dificultades e incomprensiones, en el tope de la lista de los mejores países del mundo para que una mujer pueda embarazarse y culminar exitosamente su parto.

Luego vendrá el círculo infantil, el jardín y la enseñanza primaria. Todo, a veces se olvida, de forma gratuita. Ya en esa etapa comienzan los sistemas competitivos cubanos: categorías 7-8 años; 9-10 años; 11-12 años; 13-14 años; juveniles, cadetes, sub 20, sub 21 o sub 23. También Juegos Escolares Nacionales, Juegos Juveniles Nacionales, campeonatos nacionales de cuanto deporte se practica en Cuba y, repitamos el tema, ninguna de esas categorías, hablando en buen cubano, produce un quilo partido por la mitad. Pero el Estado cubano, léase, cada uno de nosotros, realiza las erogaciones, no obstante los errores y las reales insatisfacciones que existan.

No dejar de lado las escuelas deportivas especializadas en todos los niveles, desde el básico hasta el superior, donde esos atletas se superan y al final de su vida deportiva poseen un título para que la insuficiencia competitiva muscular, no los tire al olvido, como es común en la actualidad del mundo o también lo fue en nuestra querida Cuba del siglo pasado.

Profesores, sicólogos, entrenadores, médicos generales o especializados, con destaque para la reconocida ortopedia cubana. ¿De cuánto es la inversión? Pelotas, bates, uniformes y guantes. ¿Cuál es el monto de los gastos? Bicicletas, pistolas, sables, tabloncillos, terrenos sintéticos, pizarras electrónicas, transmisiones radiales y televisivas. ¿De dónde sale el dinero? Viajes, villas, dietas, sustento. ¿Quién los paga?

Un día, al pasar 15 o 20 años, un atleta se convierte en el punto de mira de los cazatalentos. Se prenden las luces, comienza la carrera. En ese tiempo transcurrido, estuvieron recibiendo licencias deportivas, y en los casos más destacados casas y autos, además -desde que se implantó la nueva y justa política de estímulo- de salarios y primas por actuaciones relevantes, gastos que, repito, son pagados entre otros componentes, con la parte del salario que el resto de los cubanos no recibimos. Y aquí tampoco debe obviarse que investigadores, científicos, profesores universitarios y obreros de altísimo rendimiento, no reciben esos reconocimientos, aunque en la vida diaria aportan miles y miles para que, entre otros rubros, se mantenga el deporte a todos los niveles.

Llegado el momento, algunos deciden hacerlo por cuenta propia y probarse en la Gran Carpa norteña, aunque sean sometidos a la abierta discriminación, por el simple delito de haber nacido en la Isla que costeó su formación –no son especulaciones, lo dicen el contrato y las leyes que, del lado de allá del charco, casualmente, meten la política dentro del deporte, no obstante ese tema estar siempre asociado a las posiciones desde dentro del verde caimán—otros, en tanto, se mantienen en el esquema cubano y poco a poco se van insertando en esas posibilidades de examinarse en otros niveles.

Regresando a la tan citada experiencia mundial, los Messi, Cristiano, Neymar y compañía, no han tenido ninguna de esas bondades estatales, pero sus representantes, los verdaderos ganadores del premio gordo, dejan bien claro que su dinero puede ser el último que entre al juego, pero será el primero en salir y, además, limpio de polvo y paja. Les propongo volver a ver Jerry Maguire, la película de Tom Cruise de 1996.

Para todos ellos, mi respeto por las decisiones tomadas, aunque con algunas no esté de acuerdo y, si tengo que escoger, me simpaticen más los que reciben un premio no tan alto y prefieren no ponerle precio a su dignidad, no obstante que esta última afirmación me traiga el desacuerdo de muchos lectores, pero debe ser también respetado mi derecho a dar opiniones, aunque sean discrepantes.

Lo que nunca aceptaré será que, en cualquiera de los casos, se soslaye el ladrillo –y mucho más de la construcción– que cada uno de nosotros ha puesto para que primero compitan, se exhiban en la vitrina, exista el interés, el contrato, más tarde la cifra numérica del mismo y que después vengan, los que se pintan de ingenuos y olvidadizos, a expresar, así gratuitamente, el derecho absoluto que tienen los deportistas cubanos de –usando expresiones cubanas— llevarse completo el gato al agua, porque fueron ellos SOLOS los que se lo ganaron.

Si así fuera y esas personas reclamaran su –cuestionado— absoluto derecho, a la hora de la repartición, el resto de los cubanos, también cuidando el suyo propio, pudieran preguntar: Entonces: ¿quién me paga a mi?

Tomado de La Pupila Insomne

 

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2 respuestas a La contratación de atletas cubanos; ¿y quién me paga a mí? #Cuba

  1. yulio martin dijo:

    Saludos ,amigo entonces los cubanos como el estado lo paga todo no tienen derecho a decidir sobre su salario o sea siempre tenemos que coger las migajas y el estado se embolsa mas del 70 o 80 por ciento del salario del deportista o colaborador para mi se debe agradecer lo que hace el estado y esa es su responsabilidad y deber de hacerlo porque entonces pierde la esencia de gobierno ,quizás aportando un 30 por ciento el deportista sea suficiente para colaborar.

  2. John dijo:

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