#Cuba La oratoria de #Fidel y su valor educativo.

Por Roilán Rodríguez Barbán.

En la enseñanza de la Historia ocupa un lugar esencial la utilización de la exposición oral como método. Para su aplicación el maestro o profesor debe poseer, además de cultura de la historia, una cultura del lenguaje oratorio. El transmite conocimientos, ideas, sentimientos y valores que van en la palabra sino en el tono de voz que utiliza, en los adjetivos que emplea, en su expresión en general. Y estos es algo que no logran comunicar los libros.

El Héroe Nacional, José Martí, en su artículo “Clases orales” señala que: “(…) la manera de decir realza el valor de lo que se dice:- tanto, que algunas veces suple a esto”.

Y señala además que el oído gusta de distintos tonos de voz que le sorprendan y cautiven, resaltando la importancia de este aspecto en cualquier peroración, pero sobre todo si se trataba de un asunto complejo y difícil.

Es imposible desconocer el valor de la palabra oral para narrar, explicar problematizar ideas, convencer. Sin confundir a esta con el verbalismo vulgar. La oratoria de Fidel Castro constituye un modelo de cómo un profesor de Historia puede utilizar la exposición oral para el desarrollo de su labor.

Fidel desarrolla su obra de pensamiento inmerso en la vida y la lucha política, él sintetiza la obra de los pensadores universales y cubanos que le precedieron, Carlos Marx, Lenin y José Martí esencialmente y elabora su propio proyecto revolucionario trascendiéndoles, proyecto que ha podido desarrollar en la vida práctica.

Su obra revolucionaria se caracteriza por el desarrollo de una oratoria política sistemática, en la que aborda disímiles temas, con el propósito de educar su pueblo, explicar su proyecto y fundamentar su política. Esto ha sido posible por su condición de intelectual de amplia cultura humanística, heredero de las mejores tradiciones del pensamiento cubano.

Fidel generalmente improvisa sus discursos a partir de un guión elaborado previamente y que en ocasiones mantiene a la vista y en otras él memoriza. Lo más frecuente es que en ellos aborde diversidad de temas, realice múltiples digresiones y regrese al tema central.

Su exposición en estos casos se caracteriza por la emotividad y la implicación en un diálogo heurístico con el público mediante preguntas retóricas y a veces respondidas a coro por el pueblo.

Es esencial en sus exposiciones el vínculo entre el pasado y el presente, donde destaca cómo las tradiciones más caras del pueblo se han ido sedimentando y forman parte de la cotidianidad y se proyectan hacia el futuro de la patria.
Utiliza con suma habilidad preguntas que contribuyen al desarrollo lógico de sus ideas y a la comunicación con quienes le escuchan. Estas interrogantes dan expresividad y belleza al discurso, contribuyen a enfatizar lo que está exponiendo y a distinguir lo esencial de lo secundario.

Busca persuadir al auditorio, convencerlo de la justeza de sus puntos de vista, para ello utiliza la mayor cantidad posible de argumentos, de forma tal que los oyentes resulten atraídos por la calidad y cantidad de estos, dejando en ellos la certeza de sus palabras.

Consigue con su alocución, crear una imagen vívida de los héroes y mártires obre los que habla, utilizando distintos tonos de voz y el vocabulario exacto. También con su palabra pinta los hechos, recrea las circunstancias en que ocurrieron, los ambientes naturales como paisajes, clima, características del terreno o territorio donde tuvieron lugar, de forma tal que quienes le escuchan o leen pueden sentirse transportados a esos lugares o situaciones.
Fidel también nos ha transmitido que: “En un discurso hablado usted va elaborando la expresión, las palabras, las oraciones mientras habla. Por eso, el discurso hablado es más tenso, porque usted está bajo una tensión mucho mayor, la del esfuerzo general para convertir en palabras todas las ideas y transmitirlas”.

“(…) al público le gusta mucho más el parto de las ideas, le gusta ver al hombre en ese momento de elaborar, le gusta esa batalla, el esfuerzo que hace, ver al hombre ante ese reto. Igual con un poeta, un cantante que improvisa, que tiene que elaborar, buscar la palabra, la idea, la rima, al público le gusta ver al hombre con ese esfuerzo de crear, de expresar, de explicar algo. Además tiene más confianza en lo que se habla que en lo que se escribe…”

Mi visión: así fue nuestro Fidel… y seguirá siendo por siempre.

Tomado de: https://visiondesdecuba.wordpress.com/2017/05/10/la-oratoria-de-fidel-y-su-valor-educativo/

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